El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno neuropsiquiátrico que afecta tanto a niños como a adultos. Se caracteriza por un patrón persistente de inatención, hiperactividad e impulsividad que interfiere significativamente con el funcionamiento diario y el desarrollo de la persona. El TDAH es una afección neurobiológica que involucra diferencias en la estructura y funcionamiento del cerebro.
Las características principales del TDAH incluyen:
- Inatención: Dificultad para mantener la atención en tareas, cometer errores por descuido, dificultad para organizarse y completar tareas, y tendencia a perder objetos necesarios.
- Hiperactividad: Comportamientos hiperactivos, como inquietud, incapacidad para permanecer sentado en situaciones en las que se espera, hablar en exceso y participar en actividades impulsivas.
- Impulsividad: Dificultad para esperar su turno, interrumpir a los demás, tomar decisiones impulsivas y dificultad para pensar antes de actuar.
El TDAH se diagnostica con base en la presencia de síntomas que son crónicos y persistentes en múltiples contextos, como en la escuela, el trabajo y el hogar.
El diagnóstico se realiza mediante una evaluación clínica realizada por un profesional de la salud mental, como un psicólogo o psiquiatra. No hay una prueba de laboratorio o una prueba única que pueda diagnosticar el TDAH.
Es importante destacar que el TDAH es una afección común y que no se debe a la pereza, la falta de motivación o la crianza inapropiada. Puede afectar la calidad de vida de las personas, especialmente en áreas como el rendimiento académico y laboral, las relaciones interpersonales y la autoestima. Sin embargo, con el diagnóstico y el tratamiento adecuados, muchas personas con TDAH pueden aprender a gestionar sus síntomas y llevar una vida satisfactoria y productiva. El tratamiento puede incluir terapia conductual, apoyo educativo, y en algunos casos, medicación.