Querido lector,
Te escribo estas líneas con el corazón lleno de emociones encontradas, con una mezcla de liberación y confusión que aún estoy intentando comprender. A mis más de cuarenta años, me han diagnosticado autismo grado 1, y este hallazgo ha sido un viaje emocional complejo y revelador.
El descubrimiento de mi condición autista llegó como una revelación tardía, un rompecabezas que finalmente encajó. Durante años, viví sin entender por completo mis peculiaridades, mis reacciones a veces inusuales ante situaciones cotidianas y la sensación constante de no encajar del todo. Siempre pensé que era un poco diferente incluso que no era merecedora de vivir en este mundo al no encajar, pero nunca pude identificar la causa. Finalmente, el diagnóstico vino como una explicación a muchas de las incógnitas que habían marcado mi vida.
Experimentar un meltdown o un burnout como adulto autista ha sido una montaña rusa emocional abrumadora. Los meltdowns son como una tormenta perfecta: una avalancha de estímulos sensoriales, emociones desbordadas y una incapacidad repentina para procesar y controlar todo lo que me rodea. Es como si el mundo se volviera demasiado ruidoso, demasiado brillante y abrumadoramente intenso. En esos momentos, me siento atrapado en mi propia mente, incapaz de comunicarme o racionalizar lo que estoy experimentando.
Los burnouts, por otro lado, son como un agotamiento emocional y mental extremo. Es como si todas las energías se consumieran de repente, dejándome vacío, incapaz de funcionar con normalidad. Me siento exhausto física y emocionalmente, como si me hubieran desconectado de todo lo que me rodea. Es un estado de apatía y fatiga extrema que puede durar días, y durante ese tiempo, me encuentro luchando por recuperar la vitalidad y la motivación para retomar mi vida diaria.
Este fin de semana, me ha pasado algo que no me pasaba hacía mucho tiempo, me pusé muy mal, no paraba de llorar y sentía que algo no iba bien, aunque ya conozco las cosas de mi vida que no van como deberían, sentía una tristeza y una pena muy profundas. Mi padre quería hacer una cosa y intenté por todos los medios que no lo hiciera, lo verbalice, pero no me hizo caso, total que acabó con un pequeño accidente doméstico, y cuando ya pasó todo, se me pasó ese dolor y tristeza. Me queda un residual y no dejo de pensar que debería detectar estos casos como 'premoniciones'. Por suerte, ha quedado todo en un susto.
Estoy aprendiendo a dejar de simular y aceptar que soy autista, es un proceso de autodescubrimiento y aceptación. Esta siendo un viaje para comprenderme a mí misma en un nivel mucho más profundo, abrazando mis fortalezas y aceptando mis desafíos. A pesar de las dificultades que enfrento con los meltdowns y los burnouts, voy a cuidarme mejor, a reconocer los desencadenantes y a tomar medidas para reducir su impacto.
No es fácil navegar por un mundo diseñado para neurotípicos y que yo soy diferente, pero estoy aprendiendo a encontrar mi lugar y a valorar la singularidad de ser autista y lo que le aporta a mi vida. A través de la educación, el apoyo y la comprensión, estoy descubriendo formas de prosperar y contribuir de manera significativa al mundo que me rodea.
Con cariño y gratitud por el camino que estoy recorriendo,
Neurodivergente